Está sobradamente demostrado que la naturaleza tiene efectos sobre el ser humano (por ejemplo, en la ingesta directa de hierbas y plantas medicinales).
También que las imágenes de los elementos del reino mineral, vegetal y animal influyen en el estado de la persona. Contemplar un paisaje, un bosque, el mar, la montaña, aporta paz y serenidad. Una flor, un cristal, una abeja libando néctar, son fuente de inspiración. El sol, la lluvia, el viento, las nubes, la niebla, el amanecer, el atardecer, modelan el carácter.