EN OBRA

Hay mujeres que cuando se cansan de esperar la llegada de un príncipe azul, apelan a los ladrillos para reconstruir -literalmente- la fachada de su vida y se lanzan a edificar la casa de sus sueños. El divorcio también genera reacciones similares: la necesidad de poner distancia dispara mudanzas idealizadas (partir de la ciudad rumbo al campo, por ejemplo) o la pretensión de que la arquitectura permita fracturar una casa en dos, tal como le sucedió al matrimonio que albergaba. No todas las remodelaciones son sinónimo de sufrimiento: también surgen cuando se avecina una nueva etapa para la pareja y la familia (crecen los hijos y la falta de espacio se hace sentir) o cuando sus impulsoras buscan refugios de pared para su intimidad (leer, trabajar, estudiar).
¿Qué nos pasa que cuando estamos atravesando un momento de “crisis”, cuando estamos en medio de un cambio (entrando o saliendo), necesitamos estar en obra? ¿Por qué un lunes nos levantamos dispuestas a llamar al empapelador, al tapicero, a quien sea, con tal de empezar a plasmar un cambio? ¿No podemos vivir este proceso interiormente? ¿Tenemos que sacarlo, verlo, hacerlo público?
No hace falta un posgrado para darse cuenta de que es bastante literal esto de partir, demoler la casa. Así como también lo es planificar la nueva: sus colores, sus ambientes, su nuevo mobiliario. Las personas no somos seres escindidos y cambiar es un proceso externo e interno. ¡Pero a no confundirse! Nadie nos asegura que una vez que la construcción de nuestro hogar esté terminada, nuestra vida estará solucionada. Es más, es posible que aunque la casa ya esté lista, aún tengamos rinconcitos en el alma a los que todavía les falta “una mano más de pintura”.
Por eso, antes de ponernos “manos a la obra”, conviene tener en cuenta cuestiones básicas:
– El verdadero cambio siempre es interno. El resto es maquillaje.
– Todo el trabajo que demanda la obra provocará muchas molestias. Si además estamos en medio de una crisis, las sentiremos el doble.
– Si decidimos hacer modificaciones que serán difíciles de revertir una vez concluidas, es importante que nos imaginemos viviendo en esa casa remodelada a mediano plazo.
– Es imprescindible no movernos por impulsos. Hay que tomarse el tiempo necesario para evaluar qué haremos y por qué. Y evaluar sin apuros la relación costo-beneficio.
¿A qué momentos de tu vida vinculas tus mudanzas o las refacciones de tu casa?

 
 
 
Por: Adriana Balaguer, el 19 de abril de 2010, 01:28 PM
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